La comunicabilidad del edificio con el exterior es total.
En un caso la zona más íntima del colegio busca el exterior (digamos que lo edificado añora el jardín: la sombra y el frescor de los árboles, el deseo del juego) y en otro caso es el exterior (más público, más institucional y retórico) el que invade lo construido.
Un espacio ajardinado interior se desarrolla en dos niveles, en torno a los cuales corren los espacios de circulación, vinculados espacialmente por dobles alturas y funcionalmente por rampas.