Rehabilitación en Cartagena.

_ PROPUESTA PARA EL CONCURSO.

Nuestra idea para el concurso de Rehabilitación del Cine Central de Cartagena nace de afrontar un dilema: cuál es el auténtico espíritu del edificio que queremos recuperar.

El dilema no es artificial; ¿contamos con un mercado?, ¿un cine?, ¿un gimnasio?

Podríamos estar tentados de dar continuidad con nuestra respuesta, a un discurso histórico: restauremos la que fue en última instancia una sala de cine, en el formato espacial y formal que nos ha llegado. Admitimos, no obstante, que se puede ser éste un argumento excesivamente simple. Nos hemos propuesto más bien verificar cuál es el carácter ultimo del edificio, sosteniendo un dialogo sin prejuicios con el propio edificio.

Y su espíritu, su carácter último estaba ya impreso en 1880 cuando el arquitecto Carlos Mancha proyecto un mercado, es decir un espacio oneroso, limpio, pensado para conocerse de un vistazo, pretendidamente público, donado al pueblo, donde muros de fábrica de ladrillo hermanaban con una cubierta diáfana. Es verdad que no contaba con aspiraciones sublimes y retóricas, pero su discreción y contención dimensional, confieren a la construcción un sesgo afectuoso a nuestros ojos, mientras nos extraña la pomposa decoración adquirida cincuenta años después.

Por tanto, nuestra apuesta es por la sinceridad, por el respeto a lo que aquel edificio de Mancha quiso ser y no pudo; es confirmar una segunda oportunidad.

Pero, digámoslo todo. Tampoco podría ser un cine de nuestros días. Y menos aún si queremos dotar al edificio de una mayor competencia funcional, incluyendo las versátiles prestaciones de un teatro contemporáneo.

_ LA MEMORIA.

Existe un segundo argumento en nuestro discurso proyectual, y no es menos radical que el primero. Si hablamos de memoria, de recuperación del ser ontológico, remontémonos a una memoria aún más esencial, no por lo arcana, sino por lo significativa. Estamos sobre el Decumano Máximo, es decir, sobre el origen mismo, la Cartago Nova primigenia. Cómo no sentir la llamada cardinal, el carácter casi fundacional del lugar que pisamos. No nos hemos resistido a esa evocación.

_ ESTRATEGIA.

Si estos han sido los dos argumentos del discurso proyectual, una es su estrategia semántica: el silencio. Y el Arquitectura, el silencio se llama Vacío, o lo que es lo mismo: Espacio.

Y Vacío, no es negar, sino “dejar que hable”, “escuchar”.

Vaciamos por tanto, todo el interior del edificio, hasta la fachada misma, fachada de honesto ladrillo. Devolvamos, -justicia debida- la honrada fachada ladrillo a su factura inicial.

Y se cubre con una cubierta mansardada, con esa sección tan típicamente monumental, parcialmente abierta con un lucernario que aporta luz cenital.

Vaciamos también el terreno, el suelo mismo, hasta recuperar el yacimiento arqueológico que estaba esperándonos. Se hará visitable, cognoscible a través de sencillas pasarelas de madera. Asume un papel protagonista en la escena pues la íntegra planta baja del edificio –el foyer y vestíbulos de acceso- se reducen a su dimensión esencial para servir de privilegiado balcón sobre el legado arqueológico romano.

«¿De qué es ausencia esta ausencia, corazón, que de repente te llena?», pregunta en un poema Mario Luzi. El espacio que hemos creado es para llenarlo de relato, dialogo entre la memoria y el deseo, sustanciado éste en el volumen de la gran sala multiusos.

Se concibe como un artefacto complejo, donde la estructura compositiva, la configuración de escena, locales, galerías, tramoya, telar, peine, salas de ensayo, camerinos, vestuarios, se dotan de complejas prestaciones tecnológicas (sonido, iluminación espectacular, comunicaciones, control integrado) sin consentir que dicha sofisticación adquiera visible protagonismo.

Exterior e interior de la sala se acaban en madera, evocación de una ofrenda dadivosa, cofre de misterioso contenido.

_ RESPUESTA ESTRUCTURAL.

Se ha querido que el volumen de la sala tenga un carácter ingrávido. Se presenta a partir de una primera planta, de modo que el espacio de la planta baja se lee completamente diáfano a lo largo de todo el edificio.

Dos vestíbulos generales se disponen en los extremos de la planta, en continuidad con los accesos respectivos desde las fachadas a la Plaza de la Merced y la de Risueño. Se contemplan mutuamente, pues nada interrumpe su visión; la encuadra abajo, el yacimiento romano, arriba el volumen suspendido de la sala.

De ese foyer desdoblado en dos, arrancan sendas rampas, un sistema de pasarelas de suave pendiente que recorren la fachada separadas de la sala. Constituye un argumento de “posesión”, de “descubrimiento” del lugar, de colonización del espacio público a modo de promenade.

Foyer y pasarelas, vestíbulo y rampas no son entendidas de modo “instrumental”, “vehicular”, sino intrínseco, como parte del potencial programático del edificio, pues dadas sus generosas dimensiones y su suave pendiente pueden ser ocasión de una exposición, una recepción, un encuentro cultural o evento social. De hecho en su entorno, a base de ensanchar su traza, se constituyen en cafetería, ambigú, sala de exposiciones, tienda, librería, mostrador de información, taquilla o guardarropa.

Disfrutando siempre de la visión, diversa desde cada enclave, siempre novedad, de las dos grandes presencias que dominan el espacio: el tapiz de restos arqueológicos romanos y el sugerente y críptico volumen de la sala multiusos.

En diferentes puntos del desarrollo, las pasarelas acometen a la sala a diversa altura (parte inferior y superior del patio de butacas y anfiteatro).

El mecanismo de suspensión de la sala de cine y teatro tiene una configuración tanto estructural como simbólica. La sala, a modo de gran navío, se encuentra en sus dos costales “colgada” en sus cuadernas de una secuencia de soportes dobles de acero, como si de un astillero se tratara. Se trata de pilares combinados a los que se confía la doble misión de suspender el volumen de la sala multiusos y aperar la fachada. El hecho de concebirlos con soportes combinados empresillados entre sí tiene una razón mecánica, pues la solución oferta un comportamiento estructural óptimo. Pero también funcional, en tanto en cuanto amortiza la separación entre ambos para disponer el sistema de rampas en un lateral y las instalaciones de la sala en el opuesto. Memoria también de otro rasgo de la ciudad de Cartagena, tan abierta a la mar, tan comprometida con industria naval.

_ ARTEFACTO.

La sala en sí se diseña explotando su potencial multi funcional. El trazado, composición, tratamiento acústico y capacitación tecnológica la hacen apta para el cine tanto como para el teatro y la música, en sus formatos más diversos.

     

A estos espacios interiores se añade una gran terraza exterior, aneja a una coctelería-heladería acristalada. Se ubican en la azotea, disfrutando de una terraza ajardinada, con espectaculares vistas sobre la ciudad.