Una cuestión de tiempo.

Los que amamos la Arquitectura, aquellos que disfrutamos de nuestra vocación, sabemos de la importancia del tiempo. Necesitamos la concurrencia del tiempo para la cristalización de un encargo, para que el cliente -sea público o privado- acabe formalizando un contrato de servicios. Grande es el esfuerzo y amplio el compromiso para ir dando forma el proyecto, primero en sus fases provisionales, aproximativas, luego en las definitivas. A lo largo de un proceso de meses se perfilan lo conceptos, los programas funcionales, las soluciones compositivas, las respuestas formales y constructivas. La dimensión económica de lo proyectado está muy presente, pues debemos ser serios y rigurosos en el respeto a las posibilidades presupuestarias del cliente.

Ese proceso comercial y técnico se  simultanea con otro paralelo administrativo, normativo y legal.

Estamos hablando, en todo caso, de un camino de ida y vuelta, en el que se reformulan propósitos, formas, materiales. Con muchos agentes implicados, cada uno con su protagonismo y de un valor insustituible, todos necesarios.

Pero hasta entonces, solo existe una idea, un “proyecto” de realidad.

Y finalmente empieza la obra. ¿”Finalmente” decimos? Aún restan meses, varios años para que aquella propuesta adquiera realidad física. Cientos de personas participan en su construcción, implicándose en un movimiento impresionante de compromiso, implicación y profesionalidad, nunca fácil e inmediato, en el cual participamos humildemente los arquitectos como sujetos integradores, directores de obra. A tener en cuanta, multitud de factores: de idoneidad constructiva, calidad, puesta en obra, durabilidad, agilidad, seguridad,…

Tiempo.

Puesto todo lo humano que merece la pena, exige la paciencia de ver su desarrollo en el tiempo.

¿Qué nos suscita ver este proceso en tres minutos?

Those of us who love architecture, those of us who enjoy our vocation, know the importance of time. We need the concurrence of time for the crystallization of an order, so that the client – whether public or private – ends up formalizing a service contract. The effort is great and the commitment is broad to give shape to the project, first in its provisional and approximate phases, then in the definitive ones. Through a process of months, the concepts, functional programs, compositional solutions, formal and constructive responses are outlined. The economic dimension of what is projected is very present, as we must be serious and rigorous in respecting the client’s budgetary possibilities.

This commercial and technical process goes hand in hand with another administrative, regulatory and legal parallel.

We are talking, in any case, of a round trip, in which purposes, forms, materials are reformulated. With many agents involved, each one with its leading role and of irreplaceable value, all necessary.

But until then, there is only one idea, a “blueprint” of reality.

And finally the play begins. “Finally” we say? There are still months, several years for that proposal to acquire physical reality. Hundreds of people participate in its construction, getting involved in an impressive movement of commitment, involvement and professionalism, never easy and immediate, in which architects humbly participate as integrating subjects, construction managers. To take into account, a multitude of factors: constructive suitability, quality, implementation, durability, agility, safety, …

Time.

Since everything human that is worthwhile, it requires the patience to see its development over time.

What makes us see this process in three minutes?